Los rostros de la Diosa
“El tiempo transcurre mientras Ella lo vive…
y me inspira.
El otoño avanza mientras Ella se sumerge…
y me inspira.
El olor, la luz y el color: todo es Ella…
y me inspira.
Cada año IGUAL y tan distinto, la rueda gira y yo camino… cambio, me transformo y profundizo.”
El otoño siempre ha sido mi estación favorita; el tempo es distinto: todo se ralentiza y, bajo el ritmo de esta danza, me permito parar y generar otra mirada.
La dama de Avalon, Goddes House, Glastonbury.
Ella siempre ha estado conmigo, aunque a veces no la haya visto; aunque el marco desde el que la contemplaba no ha sido nunca el mismo. Mirando atrás, mi ventana estaba muchas veces empañada de otras miradas y prejuicios con los que había crecido. Mi mirada ha ido cambiando; ahora la siento más mía y, sin embargo, sigo quitando filtros. Según avanzo hacia el otoño de la vida, percibo cómo Ella me guía, quizás tal como lo hacía cuando yo era una joven inquieta, pero cada vez la voy viendo más Ella.
Durante este año, y según me sumerja en la estación correspondiente, quiero rendir tributo a distintos rostros de la Diosa que vive en todos y cada uno de nosotros. Este año, los senderos por los que caminaré a Avalon serán más de su mano; así que, mientras los recorro, intentaré ofrecer un pequeño aperitivo en forma de artículos. Tras Samhain, llegará el primero: el rostro de la Anciana.
Paisaje otoñal de rocas antiguas
Y en esta mañana otoñal un rayo de sol atraviesa mi ventana y me abraza; miro hacia fuera y los árboles han dejado la calle llena de hojas… Es tiempo de soltar, me recuerda. Y la veo a Ella quitarse sus mejores galas, despojarse de la belleza de las estaciones del año que todo el mundo quiere vivir eternamente, para renovarse por completo. Mirarla es un desafío: me recuerda el paso del tiempo, a los que se fueron, a los que se irán y mi propia muerte.
Ella es antigua; Ella es montaña, colina, roca y la tierra bajo mis pies. Ella es el tiempo mismo y el destino. Ella es Cailleach y Hécate. Ella todo lo contiene; Ella es final y es principio. En Ella vive el misterio de la vida y de la muerte.
El regreso de Brigit a la tierra.
Y los antiguos relatos cuentan que, según avanza el invierno, Ella sueña y se renueva, y en esta renovación aparece otro de sus maravillosos rostros: el de la doncella salvaje, que con ímpetu sale al mundo y se atreve a todo, pues el mundo todavía no ha cercenado su poder, no la ha amaestrado. Ella es la confianza en la naturaleza interna antes que en la imposición exterior. Ella se encuentra en cada proyecto que nace, en cada sueño que tengo, en cada libro revelador que me enseña una nueva forma de mirar el mundo. Ella es Brigit y Koré. Se la ve como doncella, pero eso no siempre implica ser joven… La edad me da sueños más profundos, más propios, y tengo más medios para vivir la vida que he ido soñando. Apoyarme en Ella me da el coraje para vivirlos.
María la Magdalena, Abadía de Glastonbury,
Mis momentos vitales pueden acercarme más a identificarme con el rostro maternal de la Diosa, pues su poder aparece cercenado en muchas leyendas. En su rostro más poderoso, pleno y alegre, se enfrenta a la desaprobación del mundo que la rodea. Pierde valor ante la mirada del otro porque lo que ofrece no se considera valioso. Ella, que es nutridora y generadora de vida, la gran madre, deja de ser vista. Sin embargo, al contemplarla en su plenitud, enfrentándose a sus desafíos, su fuerza me sostiene al sentirme completamente comprendida en mi caminar, que es el suyo. Ella es Rhiannon y Deméter.
Y vuelves a Ella para despojarte de las máscaras que han ocultado tu verdadero rostro, y te permites ser tú, en tu edad, en tu tiempo. Y la observas, y te reconoces, y te agradeces. Y cada año, al volver a Ella, tu mirada es diferente. Ya no solo miras, sino que la admiras y te admiras.
Con Amor y Magia
©Susana Ortega
